Tan importante es elogiar y recompensar a los niños cuando se están portando bien, como también hay veces que es necesario que los padres tomen el control y establezcan límites cuando la conducta no es adecuada. Los límites se establecen por medio del uso de órdenes y reglas en casa.
Es importante tener en cuenta que todos los niños van a tratar de no cumplir, de una forma u otra, las órdenes y las reglas de los padres. Hay que pensar en las protestas de tus hijos como experiencias de aprendizaje, como la forma en que ellos exploran los límites que hay a su alrededor para aprender qué conductas son apropiadas y cuáles no.

¡¡No grites!!

En algunas situaciones las órdenes deben ser dadas sin que el niño tenga ninguna opción como, por ejemplo, en situaciones peligrosas (ir en auto sin cinturón o andar en bicicleta por la calle); en esos momentos los padres necesitarán tener el control y dar sus órdenes de manera positiva y firme. Hay otras situaciones en las que los padres no necesitan tener un control absoluto, pueden ser situaciones o decisiones en las cuales se les puede permitir a los niños tener cierto control.

¿Cómo establecer límites y maneras efectivas de dar órdenes?
Puede que sorprenda saber que los padres dan una media de 17 órdenes cada media hora y en las casas donde hay un niño con problemas de conducta esta cifra aumenta a 40; el dar tantas órdenes no ayuda a mejorar la conducta de los niños. Hay padres que tienden a repetir una orden incluso cuando el niño ya la está cumpliendo, u otros padres dan órdenes acerca de algo que no es importante, por ejemplo, pueden decir: “¿Por qué no pintas en tu dibujo el tejado de rojo?”, “¡Ponte el pantalón marrón!”, dichas órdenes pueden ser innecesarias, a los niños se les debe dejar en muchas ocasiones decidir este tipo de cosas por sí mismos. Es importante recordar que si los padres están dando de veinte a cuarenta órdenes cada media hora, es imposible que puedan supervisarlas, de manera que se les da mensajes confusos a los niños acerca de la importancia de las órdenes. Antes de dar una orden piensa si es importante o no, y también si vas a poder supervisar que el niño la cumpla.
Por otro lado, en muchas ocasiones tendemos a decir varias órdenes al mismo tiempo o “en cadena”, por ejemplo: “Catalina anda al baño, te lavas los dientes, mete la ropa sucia en el cesto, ordenas los juguetes del baño y péinate”. Los niños más pequeños pueden sentirse abrumados con tanta orden y, por otra parte, perdemos la oportunidad de elogiar al niño por lo que ya ha empezado a hacer y a la larga conseguimos que nuestro hijo no haga caso a este tipo de órdenes. Da una orden detrás de otra.
Hay que dar órdenes realistas y claras, órdenes que pensamos que los niños van a poder cumplir, es decir, órdenes de acuerdo a la edad del niño. No le pidas a tu hija de 3 años que no salpique durante el baño, o a tu hijo de 4 años que permanezca callado mientras tú hablas por teléfono durante media hora.
Da órdenes que claramente indiquen lo que deseas, órdenes que le digan al niño qué hacer. No es lo mismo decir “¡Cuidado!” o “¡Pórtate bien!”, que decir “Siéntate bien en la silla” o “Habla bajito”. También es importante dar órdenes positivas, una orden que indica al niño parar lo hace en negativo, implica decirle al niño lo que NO debe hacer. Por ejemplo: “No hagas eso”, “Cállate”, indican al niño que debe dejar de hacer algo. Este tipo de órdenes suponen una crítica al niño y se centran en conductas inapropiadas, en vez de orientarle sobre cómo comportarse correctamente.

Fuente: Hacer Familia